Nuestros inicios

Hace 30 años Don Luis Poma junto con un grupo de empresarios salvadoreños comprometidos socialmente fundó FUSAL. Inspirados en la urgente necesidad de responder frente a la situación de carencias que vivían nuestras instituciones de salud. Los hospitales no tenían suficientes medicamentos y equipo para atender a los salvadoreños, lo más simple faltaba: pinzas, jeringas, guantes, hilo para suturar… Eran épocas muy difíciles, nuestra sociedad estaba dividida por una guerra, luego un terremoto sacudió nuestra tierra y en ese momento las personas necesitaban ropa, alimentos apropiado y esperanza.

Reconocido como un hombre de negocios muy exitoso, un líder carismático con credibilidad y capacidad para motivar a otros. Un hombre visionario y apasionado, creía profundamente en la gente y en su capacidad transformadora. Formó una familia a la que logró transmitirle esa misma mística y sólidos valores que son el fundamento de un genuino compromiso con su país y su gente. Cuando todavía no se hablaba de responsabilidad social él ya la tenía como una práctica de vida.

En los primeros años de FUSAL venía con frecuencia; con su gesto sereno, tranquilo, seguro, amable y con mucha cordialidad saludaba a todos. Su sola presencia generaba un ambiente positivo, se mantenía cercano a sus colaboradores y a la gente en las comunidades. Escuchaba con atención sus vivencias y opiniones, sus sueños y desventuras, podía pasar un rato conversando con la niña Otilia en Chilata o trasladarse al Jobal en Jiquilisco para estar con los jóvenes de la escuela. Esa cercanía fue fundamental para definir el rumbo de FUSAL.

Promovió la creación de un puente de solidaridad entre instituciones y personas en Estados Unidos uniendo en colaboración a SAHF y FUSAL y así nació el primer programa que aún perdura: el Programa de Ayuda Médico Hospitalaria. Con un pensamiento práctico y simple solucionó un problema de carencias. Aquí necesitamos lo que allá sobra, encontremos la forma de articularlo y hacer que funcione, esa fue su intención.

Este programa ha dado respuesta durante todos estos años a un sin fin de necesidades en las comunidades en tiempos de desastre, a clínicas, hospitales, promotores de salud, personas con necesidades especiales y programas de otras instituciones.

En Don Luis se puede resumir la frase de Tagore: “Soñé que la vida era alegría; desperté y vi que la vida era servicio; serví y descubrí que en el servicio se encuentra la alegría”.

Don Luis creó y cultivó una institución que ha permanecido ya por 25 años, siendo solidaria con las personas más necesitadas, innovadora en las formas de motivar y apoyar para que más personas puedan ser parte del desarrollo de nuestro país.