Estimados colaboradores, aliados y amigos:

Las instituciones que perduran no lo hacen por inercia. Lo hacen porque cada generación que las conduce elige, deliberadamente, renovar su compromiso con el propósito que les dio origen. Hay momentos en la vida de una institución que no son simplemente un año más en el calendario — son puntos de inflexión en los que el pasado y el futuro se encuentran, y en los que ese propósito se renueva con mayor claridad que nunca. Para FUSAL, el 2025 es uno de esos momentos: un año que nos encuentra con la credibilidad que solo construyen décadas de trabajo consistente, honesto y orientado al impacto, y con la determinación de proyectarla hacia horizontes aún más ambiciosos.

Este año marca para mí un momento de profunda significación personal. Asumir la presidencia de FUSAL es continuar una obra construida por personas de enorme valía. Mi abuelo Luis fue el visionario que dio origen a todo esto: un hombre con una sensibilidad humana poco común, capaz de ver en el servicio a los demás no una obligación, sino una vocación genuina. Esa visión fundacional —generosa, profunda, adelantada a su tiempo— es el alma de lo que hoy es FUSAL. Mi tío Ricardo la recogió y, durante más de 29 años, la tradujo en estructura, en programas y en una institución de referencia para El Salvador. Hoy me corresponde honrar a ambos: ser fiel a lo que construyeron, con humildad, y proyectarlo con convicción hacia el futuro.

Mi vínculo con FUSAL no comenzó en una sala de juntas. Comenzó en las bodegas de la fundación, a los 16 años, cargando cajas y despachando donaciones. Fue ahí donde Celina Palomo —con su vocación inquebrantable y su conocimiento profundo de la realidad del país— me enseñó lo que ningún aula puede transmitir: el significado real del servicio, y la urgencia de atender a una nación que vivía en guerra y en carencia. Esa experiencia formativa marcó mi manera de entender el rol que una institución como FUSAL puede y debe desempeñar en la vida de las personas.

La plataforma que hemos heredado es sólida, probada y de alta confianza. A lo largo de los años, FUSAL ha consolidado programas emblemáticos como Ayuda Humanitaria y Primera Infancia; ha fortalecido su aporte en calidad educativa y desarrollo comunitario; y ha construido una cultura institucional centrada en las personas, guiada por valores y orientada a generar impacto duradero. Esa reputación no se improvisa—se gana con cada familia acompañada, con cada comunidad atendida, con cada compromiso cumplido.
Sobre esa base, construiremos con ambición y responsabilidad. Nuestra apuesta por la primera infancia y la calidad educativa seguirá siendo uno de los caminos más poderosos hacia el desarrollo a largo plazo del país. Continuaremos respondiendo con agilidad y calidad a las necesidades humanitarias más urgentes, e implementando intervenciones comunitarias integrales que generen oportunidades reales y sostenibles para las familias salvadoreñas.

Al mismo tiempo, nos comprometemos a innovar. La integración de tecnología nos permitirá ampliar cobertura, fortalecer la toma de decisiones basada en evidencia y llegar de manera más efectiva a las comunidades más remotas, incorporándolas como protagonistas activas en la creación de soluciones. No como beneficiarias pasivas, sino como socias del cambio.

Nos llena de orgullo — y de renovada energía — saber que durante 2025 llevamos bienestar a más de 119 mil salvadoreños y 251 comunidades. Cada uno de esos números tiene nombre, historia y futuro. Y ese futuro es, en última instancia, la razón de ser de todo lo que hacemos.

Nada de esto habría sido posible sin la confianza y dedicación de nuestros donantes, aliados, voluntarios, miembros de la Junta Directiva y de nuestro extraordinario equipo de colaboradores. A todos ellos, mi más profundo agradecimiento.

Vivimos un momento de transición y esperanza. Transición porque recibimos una obra que otros construyeron con sacrificio y visión, y eso nos obliga tanto como nos inspira. Esperanza porque las bases que hemos forjado —juntos— son lo suficientemente firmes como para sostener sueños aún más grandes.

Los invito a seguir caminando con nosotros.

Con gratitud y con propósito,
Alejandro Poma
Presidente de FUSAL
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