Sobre esa base, construiremos con ambición y responsabilidad. Nuestra apuesta por la primera infancia y la calidad educativa seguirá siendo uno de los caminos más poderosos hacia el desarrollo a largo plazo del país. Continuaremos respondiendo con agilidad y calidad a las necesidades humanitarias más urgentes, e implementando intervenciones comunitarias integrales que generen oportunidades reales y sostenibles para las familias salvadoreñas.
Al mismo tiempo, nos comprometemos a innovar. La integración de tecnología nos permitirá ampliar cobertura, fortalecer la toma de decisiones basada en evidencia y llegar de manera más efectiva a las comunidades más remotas, incorporándolas como protagonistas activas en la creación de soluciones. No como beneficiarias pasivas, sino como socias del cambio.
Nos llena de orgullo — y de renovada energía — saber que durante 2025 llevamos bienestar a más de 119 mil salvadoreños y 251 comunidades. Cada uno de esos números tiene nombre, historia y futuro. Y ese futuro es, en última instancia, la razón de ser de todo lo que hacemos.
Nada de esto habría sido posible sin la confianza y dedicación de nuestros donantes, aliados, voluntarios, miembros de la Junta Directiva y de nuestro extraordinario equipo de colaboradores. A todos ellos, mi más profundo agradecimiento.
Vivimos un momento de transición y esperanza. Transición porque recibimos una obra que otros construyeron con sacrificio y visión, y eso nos obliga tanto como nos inspira. Esperanza porque las bases que hemos forjado —juntos— son lo suficientemente firmes como para sostener sueños aún más grandes.
Los invito a seguir caminando con nosotros.
Con gratitud y con propósito,
Alejandro PomaPresidente de FUSAL